Dios soñaba con criaturas como él, sin límites, capaz de burlar las reglas de la naturaleza pero con un espíritu que no les permitiese alterar el cause natural. Dios también se siente solo y la eternidad era su única compañía.
Dios sabía que si soñaba con tanta frecuencia, poco a poco tomarían vida sus fantasías, esto le parecía tan fascinante que cada vez soñaba más con pequeños dioses, con sus mismas cualidades, con su mismo potencial. Un día tuvo miedo de dejar de ser el único todo poderoso, inmutable y eterno e inventó el tiempo, soñó con vidas mortales, con instantes, y llamó humanas a estas criaturas hermosas. Solo él conocía la llave de la inmortalidad, estaba en su corazón, en sus fantasías, en sus sueños, solo que decidió soñar con criaturas distintas cada noche para evitar la monotonía de la eternidad, una de las primeras criaturas creadas le pidió inmortalidad y Dios se la concedió, le pidió belleza y Dios también se la concedió, le pidió poder y Dios se lo concedió, pero esta criatura tenía celos de los sueños de Dios y se introdujo en ellos tratando de matarlos, su alma se fue degradando hasta tomar la forma más oscura y aterradora, se convirtió en la Gran Bestia Negra...
Un día cualquiera Dios se permitió descansar y soñó con el planeta Rosa, en el centro del planeta estaba la llave para todos los sufrimientos que la Bestia Negra creara, se trataba del gran árbol, poseía una puerta pequeña que llevaba hacia sus entrañas y desde allí él Dios respondería cualquier pregunta y los guiaría hacia su destino.
Dios se sumió en el más profundo sueño y decidió olvidar lo que soñaba cada noche (una vida mortal) acerca de este planeta. Algunas criaturas aparecían todas las noches en sus sueños, infringían reglas y se colaban también en la mente de los otros sueños ( los humanos), haciéndose pasar por fantasías, Ágata es una de ellas, junto con todas las hadas, los dragones, los elfos, los duendes, los castillos, las princesas, los unicornios, las quimeras....

Posada sobre una gran roca negra, justo en la orilla del océano en una misteriosa pero extrañamente hermosa noche gris. La luz de las tinieblas apenas ilumina las olas del mar que se hondean suavemente al compás del viento como si su alma emergiera de entre las tinieblas, en la distancia se oye el eco del dolor, las aves nocturnas no logran robar protagonismo a la terrible soledad que acompaña las montañas de rocas que albergan grandes cavernas en su interior.
Sus manos están terriblemente lastimadas por las cadenas que pesan más a medida que avanza, una de sus alas no para de sangrar y deja rastros a medida que trata de caminar por entre las rocas, el frío da a su piel un aspecto fúnebre a pesar de su inconfundible belleza, parece una rosa que se niega a marchitarse aún en medio del infierno.
La niebla brota por sobre las rocas, es lo único que se puede ver, la playa parece ajena a este paisaje, la angustia se apodera poco a poco de Ágata, la llave debe estar escondida bajo las rocas, pero parece una búsqueda inútil, los ojos se le llenan de lágrimas y un gemido de dolor se escapa de su garganta.

De pronto una ráfaga de viento parece venir hacia ella, es una de aquellas aves negras con el vuelo más veloz que jamás había visto, Ágata por un momento siente que la va a atacar y trata de correr pero tan pocas son sus fuerzas que cae desmayada en medio de las rocas.
Ágata permanece desmayada hasta que las piedras que caen justo a su lado y la tierra estremeciéndose la despiertan de aquel corto sueño, el sonido de los truenos es menos insoportable que el dolor de sentir su piel desgarrada y la sangre saliendo por su espalda, sus manos casi están desangradas y su pequeña ala derecha se había desprendido, este era el primer paso, moriría si no lograba quitar aquellas cadenas, si no lograba encontrar la llave, el hechizo en las hadas era claro, un hada encadenada se convertía en humana con el próximo rayo de sol.
El ave negra seguía deambulando por este lugar, pero no le había hecho daño, parecía más bien como custodiando, daba vueltas por el cielo y se quedaba posada sobre las rocas, poseía unos ojos rojos brillantes que se obserbaba aún en la distancia, las lágrimas no cesaban de correr por las mejillas de la pequeña, sentía que nunca lo harían, lloró tanto que creó un pequeño charco donde se reflejaba su pálido rostro, Ágata tuvo la vista en aquella imagen, era ella misma, aún no era humana, era un hada todavía, una de sus alas blancas sobresalía sobre su hombro izquierdo, su piel parecía de porcelana. El ébano del más oscuro cielo parecía hablarle, por momentos en aquella pintura de sus ojos aparecían nubes grises, y grandes luces como juegos pirotécnicos de una noches fúnebre que intentaba asustarla. De pronto, las nubes formaron una figura que se hizo clara poco a poco como los conejitos que dibujaba de niña pero ahora más y más grande, solo se escuchó un grito que espantó todas las aves nocturnas, que pareció despertar el espíritu del océano y se sintió una gran ráfaga de viento. Un segundo después Ágata se encontraba posada en el lecho de una criatura gigante volando a una velocidad que nunca había experimentado y viendo como salían del planeta Rosa.
El dragón que la llevaba en su lecho era blanco, la criatura más hermosa y extraña que había visto, Ágata le preguntó a donde la llevaba y él le respondió que se dirigían a una tierra en donde estaría a salvo por toda una vida, ella no entendía, ¿acaso no regresaría nunca al Planeta Rosa? Ágata preguntó y el dragón respondió con una sonrisa dulce. Estaban volando por entre las estrellas y el paisaje era el más hermoso que Ágata pudo haber soñado ver, unos cuantos minutos y ya poco recordaba el terrible dolor que sentía, poco a poco se desvanecía y era reemplazado con un brillo en los ojos de una niña sorprendida.
El dragón se presentó mientras se acercaban a un planeta de colores: "Me llamo Draco, vamos a ver el centro del universo, se supone que partas hoy mismo a la tierra", "¿Como así, no hemos llegado?" preguntó Ágata, "no, este es solo el comienzo de tu viaje", dijo el dragón.
Llegaron a aquel hermoso lugar, estaban en una pradera con palmeras, en una hermosa playa, con este viaje tan repentino Ágata había olvidado su pequeña ala herida y las cadenas que llevaba en su muñeca hace un momento, ahora se encontraba como si esas cadenas nunca hubieran sido puestas y sus alitas funcionaban a la perfección.
Al fondo había lo que parecía ser un gran arco iris que envolvía un hermoso planeta, Draco le explicó que estaban en una luna del centro del universo, "el planeta de los anillos".Luego de tomar agua de uno de los manantiales, alzaron vuelo y unos minutos después estaban en el centro del universo. Todo a su alrededor era blanco, parecía como si no existiera nada a su alrededor, poco a poco se iba creando un camino en medio de la nada a cada paso que daban, caminaron de esta forma por un tiempo que a Ágata le pareció una eternidad, hasta que de repente se chocaron con lo que parecía ser una puerta flotando en la superficie. Al abrir aquella misteriosa puerta se encontraban de repente sobre una nube que parecía llevarlos hacia un sitio especial. Momentos después encontraron frente a sus ojos el paraíso, el lugar más sublime y hermoso, más sagrado, puro y tranquilo del universo; la morada de Dios.
Una barrera de intensa energía los separaba de un extraño lugar. Su asombro fue tal que no podía creer ni por un momento lo que veían sus ojos, se trataba de un universo en miniatura, planetas del tamaño de una lágrima, algunos del tamaño de un grano de arena, eran reales, estaban vivos, flotando en el espacio como si estuvieran a millones de años luz pero en realidad eran así de pequeños.
Era imposible tocar aquel cristal, era la puerta hacia otro universo, el cristal parecía extenderse indefinidamente. El hada preguntó al dragón Cómo era posible entrar allí y el dragón solo atinó a decir: Cuando encontremos una pequeña grieta.
Volaron y volaron alrededor de aquel lugar perfectamente aislado, parecía imposible pasar al otro lado esa intensa fuente de energía. De repente encontraron lo que parecía ser un leve rasguño en aquel muro, se impulsaron como si fueran a romperlo y cayeron en un estado total de inconciencia.
Emma desea encontrar algún tipo de sentido, hoy solo piensa una y otra vez ¿Cuál?, ¿Qué hace en este mundo? ¿Cuál es su misión? ¿Realmente tiene una misión o simplemente está en el mundo como una hormiga en un hormiguero? ¿Hará la diferencia en algún momento de su vida? ¿Da lo mismo estar en este planeta o no? Emma está confundida en su pequeño mundo, siente que su mundo es así, pequeño, en las mañanas se despierta siempre esperando algo de cada día, siempre buscando algo a cada minuto, una nueva emoción, sensación o sentimiento, un nuevo amigo, un nuevo amor, Emma se niega a seguir estudiando, abandona la universidad y recae en un estado de depresión esporádica, cada que no logra saciar su sed de aventuras, de extremos, de grandes y distintas emociones, Emma se siente sola, sus amigos ya no son más que desconocidos, es una intrusa en lugares que antes le pertenecían, sus antiguos hábitos ahora le parecen imposibles de retomar, parece como si la vida no se lo permitiera, su vida la siente cada día más monótona, inerte, en ocasiones vacía, nada parece llenar ese hueco que dejó ese lugar.
Emma se traslada a vivir a Bogotá, abandonó su natal Medellín para ir a la gran ciudad a buscar una oportunidad como escritora, sacrificó todo por ser escritora pero ahora extraña como nunca su cuidad, es como si su espíritu estuviera herido y necesitara cierta dosis de Medellín para sanarlo, Su apariencia es todavía radiante, es una niña con facciones delicadas y cabello largo, sin embargo es como si nadie lograra siquiera imaginar lo que pasaba detrás de ese cuerpo. Su cabeza está llena de sueños, fantasías, ilusiones, Emma escribe obras de teatro infantiles y las obsequia a academias de arte y drama para niños, empieza a tener gran éxito, cada que una de sus obras es puesta en escena supera las expectativas en cuanto a asistencia y los espectadores quedan fascinados. Sus obras tienen algo especial, algunas son realmente sencillas y otras aunque con largos diálogos, no pierden una frescura característica, cierta energía única que impregnan cada escrito que sale de sus manos.
Pero Emma no se siente como los personajes de sus obras, a veces los envidia y solo quisiera ser uno de ellos, ese deseo se ha transformado en obsesión, ella solo puede desear ser un hada, se siente sola por más que hayan muchos a su alrededor, ninguna de esas personas entiende y comparte ese sentimiento, algunos dicen en broma que está "medio loca"
Emma sufre porque siente que el mundo está lleno de sufrimiento, "no todos tienen la oportunidad de crear su vida y ponerle colores, todos tienen retos a diferentes niveles, cada uno tiene un umbral del dolor, de luchas, de retos, de necesidades, de sueños, no todo el mundo tiene un alma adaptada para soñar, no todos tienen un corazón adoptado para amar, en mis cuentos si, quisiera ser simplemente un personaje de un cuento y no conocer otro mundo", Emma solo alivia ese dolor en sus libros, lee y escribe día y noche, pasa días y noches enteras sin comer y sin dormir, y por momentos aparecen hadas y dragones, han pasado varias semanas en las que los ve todo el tiempo, por momentos ella no sabe con certeza si son producto de su imaginación o si son reales.
Se mira en el espejo una y otra vez, observa su reflejo como buscando algo, aunque no sabe muy bien qué, sale en las noches y camina sin rumbo fijo, buscando algo, asiste sola al cine y al teatro, buscando algo, visita los museos, buscando algo, visita la iglesia, buscando algo, pasea en los buses sin rumbo fijo, buscando algo, madruga sin razón y se despierta a mirar el cielo, buscando algo, visita el campo y camina entre el bosque, buscando algo, trota bajo la lluvia y baila todos los ritmos, buscando algo, lee todos los libros de autoayuda, de filosofía, buscando algo, escucha las historias de aquellos a quienes la vida insiste en lastimar y torturar, buscando algo, observa historias de éxito y felicidad, buscando algo, duerme en las noches, buscando algo, observa los rostros de las personas en la calle, buscando algo, observa los pájaros, las nubes, la lluvia, el mar, la luna, las montañas, las mariposas, los grandes edificios, las amplias avenidas, los lujosos carros, las grandes mansiones, los tugurios, los estadios, los salones de belleza, buscando algo. Emma se pregunta si pasara toda su vida “buscando algo”, hay algo que no está bien, hay algo que falta.
La noche es helada y oscura, el viento golpea los ventanales de la habitación de la joven mujer, la lluvia es realmente agresiva, posee una furia y una fuerza imparable, de repente empieza a nevar, todo parece indicar la llegada del invierno, para Emma es inevitable pararse de su cama y observar como cae la nieve; de repente observa que el espejo rosa está emitiendo una luz, es más que un reflejo, es una luz brillante que encandila sus ojos, Emma se acerca poco a poco pero cuando alcanza el espejo, aquel resplandor se ha ido. Emma no presta mucha atención, al fin y al cabo estaba medio dormida “debe ser una de mis fantasías, ya hasta estoy alucinando” piensa para sus adentros. Después de un momento, no puede evitar que el sueño se apodere de ella, está muy cansada y sus ojos se cierran solos.
Ágata y Draco se encuentran de repente en un lugar inmenso, al parecer están sobre una estrella, un gran mago blanco aparece en aquel sitio y se dirige hacia ellos “¿Qué hacen aquí?” preguntó “Buscamos llegar a la tierra” respondió del dragón, “¿Al planeta tierra?” preguntó el mago esta vez con un toque de sorpresa en su voz “¿Qué pretenden hacer en ese lugar”? “necesito mis alas” “alguien me las está arrancando” respondió Ágata. ¿Sabes que el planeta tierra está encantado? Al llegar a ese lugar te convertirás en mortal y olvidarás todo, tu nombre, tu origen, tu planeta durante los años que estés allí; es probable que te pierdas y cuando sea hora de regresar, ya no seas un sueño, es decir, ya no seas un hada, aunque tengas alas, serás los rezagos de una vida mortal, es decir el alma de un humano, todo habrá terminado para Ágata. “¿No hay forma de romper el hechizo?” preguntó el hada. “No” respondió el mago, a no ser que entres por una puerta secreta y te conviertas en una rosa, porque las rosas de tu planeta sobreviven en todas las dimensiones y en todos los lugares, son mágicas en todas partes del universo, pero eso no tiene sentido, porque no podrías recuperar tus alas, ¿Por qué? preguntó Ágata. Porque en la tierra las rosas no se mueven, ni hablan, ni cantan, tampoco mueven sus hojas, el viento las mueve a veces, pero no ellas por si solas, es muy peligroso una rosa que lo haga, la cortarán y sería el fin.
“Pero no entiendo, ¿Qué planeta es ese?, cortan las rosas y no hay rosas que canten”. “Es un planeta azul” ¿Entonces el azul tiene poderes mágicos? El azul debe ser la clave, ¿El azul hace magia en aquel lugar? Pregunta el hada. “No, en este lugar hay muchos destinados a vivir sin magia, porque tienen el corazón manchado, y los que hacen magia lo llaman de otra forma, lo llaman sueños, metas alcanzadas y otros nombres” responde el mago, Allí creen que nosotros no existimos, nadie te ayudará a restaurar tus alas. ¿No creen en el otro universo? ¿Y nadie a cruzado la puerta? Pregunta Ágata. Sí, algunos han cruzado la puerta pero no vuelven nunca, al escuchar esto la mirada de Draco, quien estaba atento cambió inmediatamente y un extraño brillo color naranja apareció en sus ojos, aunque intentó ocultarlo el hada lo notó de inmediato. ¿Acaso?... ¿Es lo que me estoy imaginando? Sí, respondió el dragón, fui humano, nací en la tierra, pero me transformé poco a poco en un dragón. ¿Pero cómo? Preguntó ella con un tono inquietante. “Los hombres son imperfectos, esa es su naturaleza, pero solo algunos de ellos eliminan sus falencias, cuando llegan a la perfección, su metamorfosis termina y pasan a ser parte del planeta rosa como dragones, no como almas”. Explicó el mago.
Y cuéntame, ¿Ya decidiste? ¿Quieres ir a la tierra? Sí, tengo que hacerlo, tengo que recuperar mis alas y volver al planeta rosa, si no lo hago tendré que regresar a las cavernas y ya no hay oportunidad de encontrar la llave allí, todo está destruido.
Emma despierta temblando y sudando, esta vez está segura que no son alucinaciones, los ha visto, de repente mira en su espejo rosa y no ve su reflejo sino el de un hada pequeña pero con una sola ala blanca, ¿Quién eres? pregunta Emma, soy Ágata y necesito tu ayuda, necesito encontrar a la causante de que mis alas estén desapareciendo, déjame explicarte, vivo en el planeta rosa, y si mis alas no sanan no podré volver nunca allí porque me enviarán directo a las cavernas a buscar la llave del árbol encantado mientras mis alas se caen, si encuentro la llave, me convierto en humana y si no la encuentro, moriré. "Por favor, eres la única que puede ayudarme". Emma se siente extrañada pero un poco emocionada y le dice que la ayudará, ¿pero cómo vamos a encontrar esa mujer? ambas se preguntan. Esa mujer me está soñando y sus sueños son los que me están lastimando, está moldeando mi historia, ella piensa que yo no existo.
Al día siguiente, Emma tuvo una idea, irían juntas a buscar aquella mujer, salieron en la madrugada, Ágata estaba dentro del espejo que Emma cargaba en su bolso, era grande y lo mantenía abierto,
Ágata despertó de repente luego de lo que pensó había sido un largo viaje

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