miércoles, 4 de junio de 2008

Recuerdos, recuerdos, extraño es sentir las personas, los lugares, las miradas, las palabras, las declaraciones de ese tímido amor, la adrenalina al 100, el nudo de emoción en la garganta al pasar por aquellos sitios, al hablar con aquellas personas, al vivir esos momentos, los ángeles nos visitan y solo lo notamos cuando se han ido. Ese momento, ese pasillo, ese salón, esos ventanales, ese rincón, esas escalas, cuántas historias, cuánto miedo, cuánta desilusión, cuánta esperanza, cuánta fe. Amigos que hoy son desconocidos, un hogar al que ahora le parezco una intrusa.

Cambio, seguir el camino, renunciar a la comodidad por vivir los sueños del corazón, por hacer de lo instintivo una forma de vida, por seguir los caprichos del alma y a veces hasta del ego. Cambio, hoy doy el primer paso, es el primer escalón, es la puerta del bosque, es la base de lo montaña, apenas la encontré.

sábado, 3 de mayo de 2008

ÁGATA

Imagina la más hermosa tarde de primavera, el atardecer más perfecto, el sol cayendo luego de un día resplandeciente, el agua cristalina brotando de todos los manantiales, los pájaros entonando melodías y las nubes ausentes e impotentes ante tanta belleza.

En esta tarde de viernes en el bosque se respiraba fantasía, los árboles con sus frondosas hojas daban la bienvenida a Ágata, la más extraña de las hadas, quien entraría allí con una misión. Renunciaba a ser una más de las doncellas que esperan en sus castillos a ser rescatadas por los caballeros más valientes y en los caballos más hermosos para emprender la búsqueda del tesoro más valioso y extraordinario. Un sendero estrecho y oscuro la conducía hacia el interior del bosque, había muros altos y húmedos que delimitaban el camino y eran lo único que se observaba, hacía frío, el hada caminaba cada vez más de prisa llena de ansiedad por llegar a la entrada. Luego de correr varias horas y con el pulso casi a reventar observó una luz, aceleró el paso y por fin salió al corazón del bosque.

Una pantera de piel de terciopelo fue el primer animal que se topó en el camino, inspiraba poder, era hermosa, prepotente, y misteriosa. Se desplazaba con suavidad y fuerza, parecía ser sutilmente traicionera, ella era poseedora del mapa que señalaba la ruta segura hacia la tierra soñada, el encanto de sus ojos seducían a la mayoría de los viajeros, en ellos se reflejaba el tesoro, ofrecía una ruta segura pero siempre pedía algo a cambio, había obtenido el cuerpo de un dragón, las patas de una cabra, la cola de una serpiente, la espada de un guerrero, las manos de un hombre y ahora deseaba unas alas, las de Ágata eran pequeñas pero hermosas y llenas de brillo, este animal se convirtió en una quimera y mostró a Ágata “el tesoro”, nunca antes había visto tanto oro, criaturas hermosas lo rodeaban, parecían felices y plenas, la pantera le ofreció ese mundo sólo para ella en menos de un instante y para siempre a cambio de sus alas –sin mi ayuda nadie lo ha logrado- fueron las palabras de esta quimera, sin embargo y aunque muchas criaturas del bosque la seguirían, Ágata jamás renunciaría a volar, construiría su propio camino a medida que se sumergiera entre los árboles.



Su ruta era un sendero paralelo al tradicional, estaba lleno de laberintos, castillos encantados, magos y brujas, así como mariposas y colibríes. A medida que caminaba, se alejaba cada vez más de la pantera así como de los otros viajeros, ninguno entendía lo que el hada buscaba y menos su importancia. Un hermoso cisne se transformó en un avestruz cuando Ágata se disponía a preguntarle acerca del camino. Había otras hadas alrededor de los lagos y en los jardines, pero ninguna parecía interesada en avanzar por una ruta tan peligrosa. Elena tenía las más hermosas alas que jamás había visto, eran grandes, de todos los colores y daban visos brillantes con la luz, pero nunca le interesó volar lejos de allí, se dedicaba día y noche solo a cuidarlas. Jazmín olvidó su misión y vivía divagando en cada jardín, mientras algunas esperaban un mago que compartiera su magia.

Una mañana Ágata se bañaba en un río tranquilo y solitario, sintió chocar con varias hojas secas que servían de embarcación a Falacia, un hada que vivía cerca de allí. Falacia tendió su mano y pidió a Ágata que saliera del agua, era peligroso nadar allí, el amo de los lagos se podría enojar y mandar a todos las serpientes a atacarlas en cualquier momento.

A partir de aquel día, ambas hadas se convirtieron en las mejores amigas, Ágata se refugió en el jardín contiguo al río, jugaban con las flores, cantaban, practicaban coreografías de vuelo, compartían sus sueños. Falacia también buscaba un tesoro, talvez era el mismo, si unían sus fuerzas seguro lo conseguirían.

Un día Ágata voló un poco más alto y Falacia la jaló a tierra. Sucedió una y otra vez, hasta que logró rasgar sus alas, no soportaba la idea de no alcanzar su altura. En la madrugada y con los ojos llenos de lágrimas Ágata voló sobre un picaflor y salió de aquel lugar, descubrió una nueva ruta, siguió las mariposas, estudió su trayectoria de vuelo así como el milagro que había detrás de cada aleteo, deseaba contagiarse de su alegría y conceder todos los deseos a quien mirara sus alas en movimiento, pero Ágata no lograba volar, sus alas estaban muy lastimadas por lo que fue necesario abandonar las mariposas para seguir por tierra. A medida que caminaba, sus piernas se hacían más firmes y en su corazón crecía la esperanza.
Un gran río se impuso y una tormenta caía con toda su furia. De repente apareció un joven que vivía en una cabaña cercana y le ofreció refugio, Ágata agradeció su amabilidad pero deseaba cruzar, la labor de él era proteger a los corderos al traspasar el río y aún en medio de la tormenta la condujo al otro lado. Había algo especial en el joven de la balsa, la pasión brotaba por sus ojos y por cada poro de su piel que acariciaba al hada suavemente para protegerla del frío. Tuvieron una conexión tan increíble que permanecieron juntos en los alrededores del río, se alimentaban uno de la energía del otro, se propusieron llenar el bosque de melodías, algo inmenso nació entre ellos, se amaban entre los árboles, de noche miraban las estrellas, volaban hacia ellas y convertían la luna en cómplice de su amor, se bañaban juntos en el río, jugaban con el agua, con los conejos y las ardillas, cabalgaban hacia paisajes nuevos y exóticos, nadie pudo evitar que vivieran este sueño que para ellos era real como cada gota de lluvia, como el viento, como cada árbol y cada estrella fugaz.

Por más que se escondieron del tiempo, estuvieron juntos sólo hasta que el camino los separó. Un águila estaba dispuesta a guiarla en parte del camino, era la esperanza de llegar a su destino, mientras aquel joven ya no tenía corderos que debía conducir al otro lado del río, partía rumbo hacia un castillo encantado.

Muchas lágrimas brotaron por los ojos de Ágata y aunque el destino se impuso al amor, nada impidió que vivieran una noche para los dos, lejos del mundo real, una fantasía que marcaría los corazones de ambos para siempre.

El nuevo camino conducía a un lugar completamente diferente, era una ruta más larga y misteriosa, ya no era una pradera sino una montaña con muchos escalones en distintas direcciones. Todos los magos tenían su ruta, así como los leones, los tigres, las serpientes y los lagartos, pero Ágata caminaba sola por un camino sin escalones construidos, en varias ocasiones resbaló pero siempre se levantaba más fuerte, recordaba el tesoro y no le importaba que nadie lo comprendiera porque ella sabía que algún día lo encontraría.

Una noche mientras dormía en un pequeño refugio que ella misma construyó, un dragón naranja grande e imponente apareció ante sus ojos, Ágata no sintió miedo, por el contrario su presencia producía bienestar y alegría, ella escuchó atentamente sus palabras, el dragón prometió una recompensa cada que el hada alcanzara una fracción del camino y le entregó un mapa que la conduciría al tesoro. El guardián del tesoro, como se hizo llamar, desapareció con el amanecer.

El hada caminó más rápido esta vez, observó el mapa y notó que la cima de esta primera montaña le esperaba.

Al subir la montaña tuvo una llanura larga, tranquila y fresca ante sus ojos, cubierta de pequeña grama suave y verde con margaritas blancas, con un árbol grande e imponente que se levantaba en el centro con sus viejas y fuertes raíces, así como sus frondosas hojas que parecían ofrecer abrigo. Descansó algunos días bajo la sombra de este árbol, él le aconsejaba seguir el mapa sin importar lo difícil que pareciera el camino, hablaba en medio de la tranquilidad y una sabiduría que solo concede el tiempo, -tomar atajos puede parecer más fácil pero te perderás parte del tesoro o talvez todo-susurraba con el viento.

Ágata recobró fuerzas para el descenso, encontró un camino a través de una cueva subterránea detrás del árbol y con gran asombro descubrió que existían habitantes en este lugar, se escuchaba música, risas y voces allí abajo, se trataba de pequeños duendes, estaban en una fiesta. Uno tocaba la gaita, otro el tambor, otro la guitarra, mientras el resto cantaban, bailaban y se divertían. Se asustaron por la presencia de Ágata, pero en pocos minutos le pidieron que se uniera a la fiesta y que se quedara allí el tiempo que quisiera. Los días pasaron y estos duendecitos se convirtieron en sus nuevos amigos, eran músicos, traviesos, bohemios y románticos. Ximen, Leo y Gorgame hicieron al hada partícipe de las serenatas que daban bajo la tierra, detrás de cada gran árbol, en cuanto refugio encontraban.

Un día un caballo blanco que se acercaba a la llanura trajo consigo un joven caballero. Estaba de paso por aquella cima y al igual que Ágata él también se marcharía pronto, tenía una mirada profunda así como los mismos grandes e inconfundibles ojos negros, se trataba de aquel joven de la balsa.

Ambos se miraron fijamente y se reconocieron al instante, se enamoraron de nuevo o quizá simplemente nunca se habían dejado de amar, crearon fantasías en sus mentes cada que se veían, volaron y vibraron de felicidad cuando juntos construyeron una pequeña cabaña sobre el gran árbol sólo para los dos. Era su secreto, acudían a las fiestas en los refugios, cantaban y bailaban en medio de la llanura y cuando los demás duendes estaban presentes bastaba con una mirada, crearon un código compuesto por canciones y cartas que alimentaban día a día su amor, nadie en ningún reino encendería tanto fuego. Sin embargo era hora de partir, cada uno tomaría su camino. Esta vez no hubo tristezas, porque no hubo despedida, en el bosque tendrían siempre su lugar, eran privilegiados al poder amarse de esa forma, eran tan grandes y poderosos como su amor, se sentían felices, ni todo el tiempo del mundo les podía arrebatar esos instantes de locura.


El próximo pico se veía más alto, empinado y tenebroso, antes de subirlo era necesario descender y atravesar una especie de aldea habitada por varios grupos, cada uno con criaturas de la misma especie.

En el camino Ágata cayó en un pozo hondo, oscuro y pegajoso, por un momento sintió perder la fe, estuvo sumergida allí por varios días hasta que una noche observó las estrellas, sintió que nada le impediría alcanzar su altura y recordó su razón de ser, sus sueños, su misión, su tesoro. Se quitó su ropa y tejió una especie de lazo mientras deshilachaba su vestido dorado. Cuando este fue lo suficientemente largo lo lanzó hacia una piedra puntiaguda ubicada en la superficie.
A medida que subía, el pozo parecía ser cada vez más alto, mientras sus alas estaban inmóviles por falta de espacio. Al salir de allí vio su cuerpo desnudo y lastimado y sintió vergüenza a pesar de encontrarse sola en aquel lugar rodeada solo de un cultivo de algodón del blanco más puro que se pudiera imaginar.

Antes de continuar, el hada recolectó algodón y creó su nuevo vestido, era lo suficientemente cómodo y flexible como para soportar el viaje, además de un abrigo que cubriera sus alas en las noches frías, poco a poco se habían ido sanando.

Ágata continuó su camino con el cuerpo adolorido y sus alas casi listas para volar otra vez. En la parte baja de la montaña encontró divisiones de manadas, toda clase de criaturas, lagartos, serpientes venenosas, bestias enormes, sapos y renacuajos, monos egocéntricos, hormigas que no paraban de trabajar, gallinas que no salían de los corrales y avestruces que no sacaban la cabeza de la tierra.

Ágata se llenó de angustia y desesperanza, esperaba encontrar por lo menos un unicornio que la condujera al reino de las hadas, temía quedar atrapada allí abajo, ser devorada por una de esas bestias o picada por una serpiente y morir en la oscuridad como una de ellas. La pantera apareció justo frente a sus ojos y le ofreció una cereza, cuando quisiera llegar al reino de las hadas simplemente tendría que comerla pero sus alas desaparecerían, el hada observó el mapa, el camino era complejo pero ella no dudó un solo segundo y tiró la cereza a pesar de tener hambre.

Para subir debería pasar por cada uno de estos grupos y así fue, se acercó a ellos, trató de entenderlos, ganarse su confianza y adaptarse a su estilo de vida por el tiempo que permanecería, no fue fácil porque se sentía impotente y triste al ver sus vidas monótonas, carentes de magia, de luz e inmersas en una rutina agotadora e inútil. Nada podía hacer para cambiarlo, el hada siempre tuvo claro que este no era su lugar, pero aún así, una noche fue tentada por la curiosidad, y entró en una caverna húmeda, oscura y bastante fría, a pesar de las advertencias de aquel árbol de no desviarse del camino. Allí adentro había varios lagartos, uno en particular llamó su atención, admiraba su reflejo en una laguna, mientras veía una serpiente y se comportaba como tal. Ella no sintió miedo en ningún momento, al fin y al cabo no era más que un lagarto llamativo, presuntuoso y prepotente, sin embargo, se acercó y quiso ser su amiga, pero al tratar de hablarle aquel animal sacó su lengua e infectó a Ágata con su veneno, ella se sintió débil pero logró escapar de allí, afortunadamente el lagarto jamás salía, probablemente no soportaba la luz, por lo que Ágata estuvo a salvo. Sólo en las hadas ese veneno no producía la muerte.

El hada abrió sus ojos sin saber exactamente cuanto tiempo estuvo inconsciente, su mundo había cambiado un poco, le costó reconocer su ubicación en el mapa, apenas lograba vislumbrar siluetas borrosas. El esplendor fue tal que sus ojos se cegaron por un instante en el momento en el que una inmensa serpiente que lograba casi ensordecerla con el ruido tan aterrador que producía la envolvió en su cuerpo largo y pegajoso, por más que Ágata intentó soltarse no lo logró, en este preciso instante apareció en la distancia la figura de un caballo blanco y un caballero, que con su espada cortó la serpiente siendo víctima de una picadura en uno de sus brazos, parecía una especie de hechizo porque el caballero quedó completamente desprotegido, su armadura se convirtió en aire, su espada se dobló ante el más mínimo roce, la serpiente aumentaba cada vez más de tamaño hasta convertirse en un monstruo gigante, mientras el caballero trataba de herirlo y desenrollarlo, a este monstruo le salían garras con un filo espeluznante, todo parecía indicar que morirían juntos, pero el joven caballero agarró con sus manos una soga y ahorcó aquel monstruo que perdió la fuerza dejando el hada libre.


Cuando todo estaba en calma, una gran sombra simuló por un momento la noche mientras un hombre con una gran bata negra y un par de cachos buscaba todas las hadas y magos, al parecer quería matarlos, se trataba del antiguo mago del bosque, ahora aliado con las fuerzas del mal. Al instante se convirtió en un demonio, aumentó de tamaño, varias garras emergieron de sus manos y salía fuego por su boca. Una luz de todos los colores que se confundía con el blanco, fue formando poco a poco una figura cada vez más clara y definida, un hombre alto y de ojos claros apareció de un momento a otro en aquel lugar, el hada le reconoció enseguida, era el actual mago del bosque.


Mientras tanto salía fuego y rocas por los ojos y la boca del demonio. Los ojos del mago se hicieron totalmente grises disparando un gran destello de polvo, por las manos del mago salía una potente corriente de agua y por su boca un aliento helado que apagaba el fuego, este ser oscuro sacó la espada de la muerte, era completamente negra y daba visos rojos como simulando la sangre y la guerra, poseía todas las fuerzas negativas del bosque, mientras el mago utilizó su sable de luz azul, con circuitos de toda la energía del amor y de los sueños, controladores para la longitud y la potencia del rayo, protectores de energía capaz de alejarlo de todo peligro, un cristal blanco que era el corazón del sable azul, con él, el mago logró hacer rebotar todo disparo de rocas de fuego así como la fuerza del sable negro. El demonio se enfureció y aumentó su tamaño, de la espada de la muerte salió otra exactamente igual mientras no paraba de atacar al mago, él por su parte sacó un sable de luz roja y lo unió con la luz azul formando el sable púrpura, el arma más poderosa del mundo, el balance perfecto entre poder y sabiduría, caos y calma, capaz de derrotar cualquier fuerza, con un solo choque del sable púrpura con el demonio, este se convirtió en cenizas que se esfumaron al instante. El mago del bosque desapareció inmediatamente sin dar espacio a Ágata para preguntar por su ubicación, dicen en el bosque que es dueño de todo el conocimiento del universo.
Ágata besó al caballero y cogió su mano mientras él montaba su caballo y se alejaba lentamente.

El hada se sentó en una roca alta en la montaña mientras visualizaba el bosque desde allí, pasaron unos pocos minutos cuando un viento helado y fuerte llegó casi a quemar su piel mientras enredaba su cabello, de repente tuvo en frente al halcón más grande y con el vuelo más veloz y espectacular que había visto, sus alas blancas dibujaban figuras increíbles, quedó tan fascinada que no pudo ocultar su asombro, le pidió volar a su lado y con el tiempo se convirtió en su alumna de vuelo, entendió que se requeriría de toda su energía y esfuerzo alcanzar su nivel y velocidad mientras ella tenía aún varias montañas por escalar, sin embargo y aunque no pudo seguir su ritmo, se apoyó en su costado mientras viajaban juntos hasta el río que rodeaba una nueva montaña.

La mañana siguiente el hada peinaba sus cabellos junto al río cuando en sus ojos se dibujó una luz proveniente de las profundidades del agua, acompañada de una sensación de bienestar, felicidad y gozo.

A partir de ese día Ágata se quedaba horas sentada frente al río esperando ver a su unicornio, deseó poder atraparlo y retenerlo a su lado para siempre, tocar su piel, peinar su crin y compartir con él sus alas, pensó en tejer una red con su cabello, pero nunca lo hizo, deseó desde lo más profundo de su corazón llenarle de triunfos, felicidad y amor, aunque a cambio sus ojos se teñían de tristeza cada que recordaba que el gran unicornio de tez blanca y ojos azules como el cielo, se sumergiría en el océano para siempre.


El reino de las hadas aún estaba lejos, quizá sería parte del tesoro o el lugar donde se escondía. Con el corazón destrozado Ágata continuó su ascenso, de su boca salió una melodía tan triste que llenó el bosque de melancolía. Este era un camino encerrado por enredaderas de hojas secas, no tenía árboles verdes, sólo rocas y pantanos, el hada tenía su piel lastimada y su ropa sucia y rasgada por las caídas y los golpes de las ramas que le aporreaban cada que el viento soplaba fuerte. Se sumergió en una laguna sucia y por un momento deseó no volar más, el miedo se apoderó de ella, estaba sola a mitad de un camino desierto y desconocido, con el corazón roto. Pensó en tomar un atajo que la llevara de vuelta a la manada, en ese instante sintió no poder luchar más, pero de pronto una oleada de calor llamó su atención, escuchó gritos de dolor y recordó su misión, deseó ayudar a quien fuese esa criatura. A medida que se acercaba notó como alguien se consumía en el fuego, poco a poco se convertía en cenizas, Ágata pensó que no había nada que hacer, pero de repente el viento unió las cenizas creando una silueta de un ave, mientras el hada no salía de su asombro, el ave se hacía más hermosa, como si un pincel invisible pintara de el oro el gris de las cenizas. En el fondo de su corazón se sintió como el ave que tenía en frente, no pudo evitar explotar, gritar, llorar y derramar lágrimas hasta quedar totalmente cubierta en ellas. Cada lágrima reconstruía poco a poco cada una de las heridas, devolvía tranquilidad y paz a su mirada, hasta que la luz del hada fue tal que ella misma se sorprendió de verse tan hermosa, con su cabello y su piel más brillante, sus ojos grandes y alegres, sus labios rojos y su vestido tan blanco como cuando ella misma lo tejió con el mejor algodón. Lo había escuchado pero nunca realmente entendido: “aún del dolor más grande se puede emerger más fuerte”.

Ágata logró salir de aquel oscuro y tenebroso lugar y notó que aún era de día, el sol brillaba y una leve lluvia le acompañaba para formar el arco-iris que señalaba la cima de la montaña más alta, habían mariposas allí de nuevo por lo que voló con ellas, practicó las lecciones aprendidas con el halcón, casi duplicaba la velocidad y ya lograba hacer algunas piruetas, sus alas ahora estaban casi en perfecto estado.

Mientras el sol descansaba y la luna llegaba en su reemplazo, disfrutó del viento que acariciaba su cuerpo, el paisaje de montañas, ríos, llanuras y jardines que tenía en frente y apenas notó que había llegado a la próxima cima.

Cuando Ágata abrió sus ojos era un nuevo amanecer, las raíces de un árbol cubiertas por miles de pétalos rojos servían de colchón al hada, quien se despertaba de un profundo sueño, no recordaba haber llegado allí. Había girasoles, margaritas blancas, rosas amarillas, blancas y rojas, eran muchísimas y estaban por todos los rincones, había también árboles llenos de frutas, cerezas, manzanas, naranjas, mangos y fresas eran solo algunas de ellas. El sonido de las cascadas era tranquilizante, el viento soplaba y formaba toda clase de figuras con los pétalos de rosa, Ágata bailó y jugó con los pétalos, corrió tras un camino que formaban que la llevó frente a un árbol que brillaba como si una estrella hubiera quedado atrapada en sus hojas. Podría ser una de las recompensas de las que le habló el dragón (el guardián del tesoro). Pasaron horas antes de que pudiera alcanzar una varita plateada con una estrella brillante que soltó chispas cuando Ágata la agitó.

El tiempo pasó y Ágata aprendió a utilizar su varita, arregló sus alas completamente, las hizo más livianas y fuertes, creaba arco-iris, alejaba las nubes cada que extrañaba el cielo azul, calmaba los ríos cada que deseaba nadar un poco, disponía de puentes en cada abismo que debía cruzar, cultivaba flores cuando no encontraba jardines, creaba vestidos de todos los estilos y colores, encendía fuego para darse calor en las noches, construía casas en los árboles, jugaba a ser un pájaro, hacía que el agua cristalina brotara de la tierra cada que tenía sed y que de los árboles nacieran frutos cada que tenía hambre. Todo esto lo consiguió luego de constante práctica, días y noches enteras dedicadas a explorar los poderes de su varita, el bosque se llenó de destellos de luz y pronto todos allí fueron partícipes de su magia.

El hada aprendió a manejar su varita a la perfección, conocía todos sus trucos y no la apartaba de sus manos ni un instante, se convirtió en parte de si misma, allí concentraba toda su magia. Esperaba que su varita mágica le ayudara a encontrar el tesoro.

El camino era extenso. Luego de varios años sin tener noticias de él, aquel dragón que la visitó una noche en sueños apareció de nuevo, tuvo su figura descomunal frente a ella, no fue más que una voz de aliento, la invitó a seguir volando y a estar convencida de la veracidad del tesoro, luego de disculparse por no poder llevarla en su costado y de advertirle del esfuerzo y el trabajo que le esperaba. -¿Dónde te podré encontrar?- preguntó el hada -no te preocupes, a su debido tiempo nos toparemos en el camino- fue su respuesta. Ágata se elevó ahora mucho más alto gracias al poder que su varita le concedía y de repente se encontró frente a un gran abismo que conducía al océano, un mundo totalmente ajeno y desconocido. ¿Habría hadas allí adentro? Era muy poco probable, tal vez podría convertirse en una sirena mientras traspasaba el mar, el único requisito era que al ser una de ellas no podría ser un hada hasta traspasar el océano porque sino probablemente se ahogaría en la profundidad, sus alas no lo soportarían.

Un pececito mágico de colores llamativos se ofreció a nadar con Ágata. Mientras agitaba su varita, su cuerpo abandonaba las brillantes alas y sus pies poco a poco se convertían en aletas. Nadaron juntos por algunos meses, la nueva sirena cantaba y atraía cada embarcación que pasaba, mientras los tripulantes sin explicación aparente enloquecían al escucharla. Ágata no soportó ser una sirena por mucho tiempo, deseaba ser ella misma, el hada que regalaba amor, sonrisas, esperanza. Su unicornio no la reconocería, haría daño a cualquier caballero o príncipe, ya lo había causado a muchos hombres, y decidió que no volvería a ser así.


Ágata agitó su varita y deseó ser un hada de nuevo, sus pulmones se llenaron de agua, sus alas eran demasiado livianas para conducirla a la superficie, se sintió débil, impotente y presa en medio del océano, el pececito era demasiado pequeño y apenas lograba moverla un poco. Ágata miró hacia la superficie y sujetó fuertemente un delfín que se disponía a salir del agua, al agarrar su aleta con ambas manos, su varita se resbaló y calló en las profundidades del mar.

El delfín nadó de nuevo hacia el fondo del mar, y ella ahora estaba a salvo sujetada de un artificio humano, un pedazo de madera gruesa que parecía ser parte de una embarcación vieja. Pero ¿Qué sería ahora del hada sin su varita mágica? ¿Qué haría en medio del océano y sin magia? Ágata dio todo por perdido, lloró de dolor y desesperación, temió nunca encontrar el tesoro y quedarse en un mundo tan extraño, no aguantaría mucho tiempo.

Notó que no estaba sola, una serpiente, un lobo y un tigre marino la acompañaban. El miedo se apoderó de ella, ¿Serían peligrosos? Estos animales se veían realmente aterradores, la serpiente tenía escamas sobre escamas, medía como cinco metros y se desplazaba alrededor de su cuerpo, el lobo era de un gris azulado, tenía grandes colmillos y su mirada era intimidante, pero el tigre marino era el más impresionante de todos, sus ojos penetrantes, su color negro con pintas naranja que parecían haber sido cuidadosamente pintadas por las manos de Dios hacían sobresalir a esta criatura sobre las demás, inspiraba poder, era un líder sin duda alguna.

Ágata pensó en huir, pero hubiera sido inútil, no tenía su varita y además se sentía demasiado débil. Los animales ahora la rodeaban pero no parecían querer lastimarla, no la identificaban como comida, ni como una amenaza, solo estaban curiosos, querían saber quién era, sin duda era extraño que un hada estuviera en medio del océano.

Pocas horas después los animales hablaban entre ellos y Ágata se sorprendió al notar que era su idioma, al fin y al cabo pertenecían también a las fantasías de los hombres. Luego de pensarlo por unos minutos al fin se decidió a hablarles, les relató su historia, les contó que era un hada que venía del bosque, que el océano estaba en medio de él, que había sido una sirena y perdido su varita al volver a ser un hada, todos escucharon atentos y ofrecieron su ayuda y su compañía para cruzar el océano.

El hada debería nadar por la superficie, así que se apoyó en el tigre y nadaron juntos, a él fue al único que le contó acerca del tesoro, de sus sueños y de su tristeza por haber perdido su varita, le pidió ayuda para recuperarla y así ser una verdadera hada de nuevo. El tigre solo respondió con una sonrisa y no comprendió muy bien cómo un objeto podría llegar a robarle protagonismo, al fin y al cabo antes de contar con la varita Ágata no dudaba de su magia ¿Porqué lo dudaba ahora? -Ser un hada es tu naturaleza-, decía el tigre, -desea hacer magia y cree en ti, seguro lo conseguirás-. Pero tras repetidos intentos parecía ser inútil, Ágata aún dudaba de poder hacerlo, hasta que recordó la llegada al bosque, el tesoro que buscaba, su viaje, su esencia y entendió que no necesitaría más una varita si confiaba en ella misma, de repente destellos salían por todo su cuerpo, sus alas emprendieron el vuelo, pintó el atardecer, creó estrellas fugaces, invadió el océano con su alegría.

Esta fantástica criatura había logrado devolverle la fe, le había ayudado a reconocer su verdadera belleza. Mientras tanto, el negro de su piel desaparecía poco a poco, su cuerpo crecía, sus ojos se hacían más grandes, una lengua enorme salía de su boca, el naranja se transformaba en un fucsia con destellos dorados. El tigre se había convertido en un llamativo, fuerte y sabio dragón. Ya no estaba destinado a permanecer en el mar, aunque podía hacerlo si quería.
En la noche el dragón descubrió que brillaba en la oscuridad, pero también se hacía invisible si deseaba, podría ser tan pequeño como un insecto y tan grande como para cubrir la tierra, realmente se sorprendió de poder hacerlo, Ágata había roto el hechizo, “Alguien más puede ayudarte a descubrir tu propia belleza al encontrar la suya, si logras transformar su vida, la tuya también cambiará, encontrarás tu esencia” estas fueron las palabras del espíritu del mar al esconder aquel dragón en el cuerpo de un tigre, fue él mismo cuando su corazón lo reflejó realmente.

Ambos poseían magia, podían volar y tenían la oportunidad de realizar cualquier deseo, de vivir donde quisieran, como quisieran, eran libres. Volaron sobre el océano y dijeron adiós a este misterioso lugar que había cumplido una labor en la vida de ambos, había sido su lugar de encuentro. El hada terminaría de cruzar el océano y continuaría su búsqueda, mientras el dragón se convirtió desde ese día en su protector, no dejaría que nadie hiriera a Ágata.

Luego de pasar horas volando a ras del mar, el hada y el dragón llegaron a una pequeña isla en el interior del océano, los corales de distintas formas y colores parecían una acuarela vista desde el cielo, la arena blanca se confundía entre diminutas esmeraldas, las palmeras bailaban al son del viento, mientras al interior miles de árboles agitaban sus hojas y algunos entrelazaban sus raíces, parecían guardar secretos y murmurar entre ellos.

Ágata y el dragón se sumergían poco a poco en el interior de este lugar. Había lagunas de agua dulce, enredaderas en las orillas, grandes cuevas, y ruidos extraños que salían de ellas, sin duda este lugar estaba habitado, ¿Qué criaturas habrían allí? No tardaron mucho en descubrirlo: echaban fuego por la boca, poseían escamas, garras y alas, se trataba de dragones, era la tierra de los dragones, su actual compañero de viaje pertenecía a este lugar, mientras Ágata aún tenía mucho por recorrer, el lugar era realmente especial, una isla contigua brillaba como si se tratara de oro y de piedras preciosas emergiendo del mar, todos los dragones eran los encargados de vigilar este maravilloso sitio. El hada recordó el guardián del tesoro, podría estar allí, probablemente no lo reconocería si lo tuviera en frente, pero a pesar de todo, deseaba más que nada en el mundo encontrarlo, sólo había hablado una vez con él y fue más que suficiente para darse cuenta que la conocía más que nadie, incluso su sola mirada o sus palabras inspiraban sabiduría, respeto, la paz y la tranquilidad que sólo posee aquel que ha alcanzado lo que buscaba y ahora dedica sus esfuerzos a guiar a quienes están en el camino. Este era el lugar de destino de los dragones, no el de las hadas, no era el tesoro que buscaba.


Ágata se recostó en el lecho del dragón marino y no supo ni siquiera cuanto tiempo pasó, simplemente se despertó en una especie de refugio, era una cueva húmeda pero no hacía frío allí adentro, estaba cubierta por muchísimas hojas verdes que jugaban con el viento que se colaba por la entrada. Al instante el hada se encontró a solas con un dragón diferente a quien había cuidado de ella todo este tiempo, tenía un tamaño descomunal, era de color marrón con matices rojos y naranja, tenía escamas por todo el cuerpo, grandes dientes y garras, además de que a diferencia de los dragones que conocía, este no parecía muy interesado en echar fuego por lo boca, en hacer grandes ruidos, ni en crear nubes con su aliento, menos aún en mostrar sus grandes habilidades, yacía en la orilla de una laguna observando el agua y el reflejo de una pequeña hada. Luego de varios minutos de silencio Ágata preguntó quién era él, porqué había resultado allí sin darse cuenta y el tiempo que llevaba observándola en la laguna. -Toda tu vida te he observado-fue la respuesta que consiguió, -soy tu guardián, tu destino se encuentra en cada gota de agua que posee este lugar, tú manejas el rumbo por más que la corriente se comporte a mi antojo- -¿Y el tesoro? ¿Y el reino de las nadas? - preguntó Ágata. -¿De que se trata? ¿Cuándo lo encontraré?- -Tú decides, no es más que tu deseo más profundo, puedo ofrecerte alternativas de las rutas que puedes tomar, una por mar, una por tierra y otra por aire, todas largas y con obstáculos, pero también te doy la opción de llegar directo al reino de las hadas, este último es un camino seguro y vivirás allí por siempre. – pero, ¿y el tesoro?-. Preguntó el hada -si escoges no buscarlo, no lo encontrarás-.


No pasaron más de unos minutos cuando Ágata se encontraba lista para partir, tomó un elixir que su guardián le ofreció luego de elegir el cielo como destino, al beberlo sus pequeñas alas plateadas soltaron un destello increíble, mientras su cuerpo y su cabello se cubrían de diminutos diamantes.


A partir de aquel día en el cielo se dibujó una estrella como ninguna, desde todos los reinos se podía admirar, el joven caballero se guiaba por su luz y cabalgaba sin parar, algunas hadas empezaron su camino hacia el firmamento, la nueva estrella se reflejaba en el océano todas las noches, en todos las lagos y ríos. El mismo día que en el bosque no se volvió a saber nada de aquel hermoso unicornio, se dibujó una nueva estrella justo a su lado.

domingo, 27 de abril de 2008

En una batalla como ninguna... los héroes se enfrentan

El caos es insoportable, en las noticias, en la radio no se deja de hablar de otra cosa, algunos se viajan hacia la luna, solo aquellos que tienen los recursos para hacerlo, pero ello de nada servirá, la luna tarde o temprano también será golpeada, se anuncia desesperadamente el fin de la humanidad…

Los grandes edificios parecen llegar a las nubes y las autopistas imaginarias que están trazadas en el aire, tienen rutas hacia cualquier planeta del sistema solar, ahora todos prácticamente destruidos, se dice que no falta mucho para que el sol comience a colapsar.

No es la primera vez que sucede este episodio, es más, cada año las Geménidas, como es llamada esta lluvia de meteoritos tienen esa trayectoria, solo que es la primera vez que colapsan directamente como ignorando los planetas del sistema solar…

Grandes montañas de roca, caminos desiertos, enormes pantanos y el rojizo característico del cielo, creado por las constantes llamas, es Castor, el planeta de los dragones, a 35 años luz, desde la tierra no es más que un destello en las alturas.

En 1995, hace casi 4000 años, llega a la tierra polvo de estrellas desde Castor, el planeta doble, en medio de un entrenamiento de artes marciales en una cancha de arena de un pequeño pueblo, uno de los niños al caer de cabezas sobre la arena, aspiró gran cantidad de esta sustancia, sin una consecuencia aparente distinta a la burla de su competidor, mucho más grande y entrenado.

Pasaron los años, y el pequeño creció, en su interior creció también el bien y el mal, el odio y el amor, el perdón y el venganza, la dualidad cada vez más definida, una carga muy pesada para un joven. Un día, en su sueño más profundo, tuvo una revelación, el mundo colapsaba, lograba recordar el día que cayo en aquel entrenamiento, tenía imágenes de estrellas fugaces y luego de fuego, de una tormenta de roca sobre la tierra y unas enormes alas de dragón. Al principio eran solo sueños, con el tiempo se hicieron cada vez más frecuentes y hasta cuando estaba realizando cualquier actividad normal, se distraía pensando en que esas imágenes y en las alas de dragón. Un día cualquiera, caminaba por la calle y su mejor amigo se le atravesó a un tractor, Andrew corrió y detuvo el camión con una mano, para sorpresa de todos quienes vieron este incidente y de los titulares de los principales diarios de la ciudad, él no tenía ni un rasguño. Después de esto ocurrieron varios incidentes más, en una ocasión, Andrew estaba muy enojado y se rompieron todos los cristales de 20 kilómetros alrededor con un grito, en otra ocasión un grito suyo ocasionó también que varias aves murieran.

El joven Andrew C Meyer ahora tenía 30 años, era el abogado más exitoso, vivía con su esposa en una casa en las afueras de la ciudad. Una noche mientras miraban las estrellas, una enorme roca cayó sobre su jardín, la roca tenía una superficie húmeda y pegajosa, tenía una forma un poco extraña, poseía astillas negras. Andrew se acercó lentamente a la roca, notó que había algo en su interior, parecía un diamante brillante azul que reflejó su rostro.

No se trataba de una lluvia de estrellas, era una sola roca, y hace 20 años no ocurre aquel acontecimiento

Esa noche Andrew tuvo un sueño, un dragón marrón le mostró el pequeño diamante azul que había encontrado con un mensaje que se dibujaba con la luz de la luna, al día siguiente Andrew fue en busca del diamante, sin embargo, al llegar a la gran roca, notó que alguien lo había tomado, pudo sentir una ráfaga de viento y una capa roja que se alejaba por los aires.

A pesar de lo ocurrido, se dirigió al interior de la roca, que simulaba una caverna, se sentó allí adentro desilusionado durante casi una hora; cuando se disponía a salir de allí tropezó con algo, era una roca muy semejante a aquella azul solo que de color rojo, era como un diamante rojo. Lo tomó entre sus manos mientras una luz blanca le segó por un instante y una voz se dirigió a él: “El destino del mundo depende de que encuentres la gema azul, eres el único humano que posee en su sangre polvo de la estrella Castor y por eso el único capaz de evitar el desastre que amenaza la tierra, ten cuidado con la gema roja, se activa con la luz del sol”.



Y efectivamente, Andrew no pudo evitar poner la roca al sol, unos segundos después cayó al suelo, la gema se clavó en su pecho y al instante sintió que su cuerpo había aumentado de tamaño, sus músculos habían crecido y unas alas negras salían de sus costado, soltó un grito que mas bien parecía un rugido y voló hacia las nubes, era muy veloz, dio la vuelta al mundo en solo 1 segundo en busca de Superman, no sabía exactamente porqué pero debía hallar aquella gema de cualquier forma.

Superman se dirigía al lugar donde alguna vez existió Kryptón con la esperanza de salvar su planeta, la gema azul contiene propiedades para restaurar energía y devolver la vida a una estrella o a un planeta, sin embargo un elemento faltaba; polvo de la estrella Castor, que ahora no existía en ningún lugar del universo.

Andrew, ahora transformado en un inmenso caballero negro con unas alas enormes pensó en superman, solo deseaba encontrarlo y para sorpresa suya... inmediatamente apareció frente a él, en lo que parecía un mirador de la tierra,¿qué pasaba? podía tele transportarse a cualquier lugar del universo, estaba sorprendido con sus nuevos poderes. Superman enojado al ver a Andrew le pidió que abandonara su territorio, mientras el caballero solo sonrió y le dijo que solo se iría de aquel lugar con la gema azul, “lo siento pero esta poderosa roca jamás estará en tus manos”.

La batalla por la gema comenzó, Andrew vs Superman, la gema azul tenía poderes de agua y estaba incrustada en la mano de Superman, mientras que la gema roja lanzaba fuego por el pecho del caballero. Aquel enfrentamiento duro poco más de 7 horas, Andrew se tele transportó para intentar arrebatar la gema a Superman en varias ocasiones pero este utilizaba sus poderes para correr. El poder de ambas gemas era insuperable, los 2 destellos se encontraron y las fuerzas se cancelaban a cada instante hasta que las dos gemas se desprendieron de ellos y se unieron en el espacio en una sola.

En ese instante aparece de la nada un supersaiyajin con todo un ejército que le sigue, Gokú y Vegeta se han unido y han formado un equipo para encontrar las nuevas esferas de dragón, ya han encontrado las 7 pero hay 2 nuevas, con las cuales cualquier criatura viviente obtiene el poder para dominar y crear cualquier planeta. Hay una esfera roja, creada por el dios de la guerra y una azul, creada por el dios del agua.

A Superman y Andrew no les queda más opción que pelear contra todo el ejército que intenta llevarse las esferas que ahora flotan en el espacio, la batalla por las gemas apenas comienza; las dos hermosas rocas brillaban como una sola estrella suspendida en el aire, mientras Andrew y Superman intentaban detener aquel ejército, Andrew sabía que su grito era fuerte, pero sabía que debía gritar como nunca, con toda su Energía, tomo aire y de su boca salió un grito que se escuchó en toda la galaxia y que desorientó todo el ejército, quienes estaban lo suficientemente perturbados como para seguir luchando.

Ahora estaban solo los 4, Superman, Andrew, Gokú y Vegueta en una batalla de todos contra todos, aunque mas bien parecían unidos Andrew y Superman, Goku y Vegueta. Mientras se enfrentaban en mitad del espacio, las esferas apenas parecían estar ahí, fueron haciéndose pequeñas y más pequeñas, fuego y agua fusionados, hubo una gran explosión mientras un gran destello iluminó toda la galaxia y los dejó inconscientes y flotando sobre el espacio.

Cuando Andrew despertó, estaba en mitad de autopistas aéreas, el humo casi no permitía mirar a más de 10 metros, costaba mucho respirar allí, Andrew intentó teletransportarse a casa pero lo único que consiguió fue llegar a un gran edificio plateado, esa no era su casa definitivamente, había una pantalla gigante en medio de una avenida que informaba de las noticias para el 5 de abril del año 6000 ¿Sería posible? Habían pasado más de 4000 años desde esa noche en que obserbaba las estrellas con su mujer luego de un largo día en el juzgado, recordaba todo como si hubiese sido ese mismo día, incluso su aspecto era como si tan solo hubiera pasado una noche, recordó el sueño en el que salvaría al mundo, recordó la esfera de agua y la de fuego, recordó aquella batalla por las esferas y la gran explosión.

De repente vio como las personas estaban todas palidas y parecían a punto de morir, él sintió cierto malestar porque casi no se podía respirar en ese lugar, todos tenían la piel quemada por el sol y nadie caminaba porque solo había pavimento ardiendo, el calor era insoportable, en la pantalla hablaban de la lluvia de meteoros que chocaría la tierra en menos de 12 horas, Andrew voló hacia la luna pero tampoco allí estaban a salvo, es muy probable que también quedara destruida. De repente se teletransportó al lugar donde fue aquella batalla por las esferas pero curiosamente se encontró en lo que parecía ser un planeta nuevo, era pequeño y azul, en realidad muy parecido a la tierra y encontró que había un puente azul brillante que conectaba ambos planetas, pero su sorpresa fue aún mayor cuando se encontró con quien fuese su rival esa extraña noche, Superman. Otra vez nos volvemos a encontrar, tu tierra fue destruida hace 4000 años en esa explosión, además de la mía, toda tu familia murió, ahora estamos en otro tiempo.

Este pequeño planeta era en realidad muy parecido a la tierra, todo era de un color que nunca antes había visto, era casi imposible describirlo, pero igual de hermoso y perfecto a la tierra, habían cuatro dimensiones, era difícil de explicar pero así era realmente. Habían esferas en vez de árboles, su textura era tan suave como la seda, eran transparentes y respondían lo que les preguntaras. Andrew preguntó a una de ellas si podría ir a la tierra, a su planeta, al 2010, hace 4000 años, la esfera respondió que hace 4000 años ese planeta había sido destruido por la lluvia de meteoros y mostró la imagen como si se tratara de una pantalla de televisión, Andrew lo contó su historia y le dijo que el había venido al futuro a este nuevo planeta con una misión, debía encontrar las 2 esferas de agua y de fuego que le permitieran salvar el planeta. Se encontraba en un nuevo planeta "el planeta rosa", este extraño lugar fue creado por las 2 esferas. Andrew trató de teletransportarse a la tierra hace 4000 años pero solo lograba cruzar el puente del planeta rosa a la desgastada tierra. De repente vio como superman volaba los cielos y fue tras él, sin embargo hubo un punto en el que no lo pudo seguir más, se hacía viejo a medida que avanzaba... un metro más y moriría, ¿Cómo había logrado Superman ese poder? lo cierto es que estaba volando y viajando en el tiempo. Andrew se teletransportó al planeta rosa, de repente vio que a lo lejos había un gran lago y se acercó, era lo más parecido que existía a la tierra, el lago era completamente azul y con puentes submarinos rojos, era el centro del planeta rosa, allí estaba toda la energía vital que había creado el planeta, en el centro del lago había un gran árbol con lo que parecían frutos rojos, pero al observar más detalladamente vio que se trataba de energía pura, "las esferas rojas". Habían varios árboles con frutos, Andrew comió uno de aquellos frutos y de repente el tamaño de su cuerpo aumentó y su fuerza se dobló, emprendió su camino hacia aquel árbol, pero para su sorpresa, estaba custodiado por demonios que había despertado al tomar aquella fruta.

Andrew tuvo que combatirlos uno por uno, eran blancos con ojos rojos chispeantes; estas criaturas eran demasiadas y también podían teletransportarse, pero ese fruto le había dado más poderes y con rayos plateados que salían por sus manos logro vencerlos. Al cruzar los puentes, se encontró con criaturas espeluznantes a las que tuvo que combatir con sus manos, encontró un cristal que utilizó como escudo y logró llegar al gran árbol. Nadie nunca había logrado pasar el puente, era el primero en tener el poder del fuego para revivir o proteger un planeta. Andrew tomó una de las esferas rojas; una gran daga de cristal emergió de las raíces del árbol, él la tomó entre sus manos mientras una voz parecía salir de las hojas: "El desafío comienza, debes encontrar una de las esferas azules luego el puente que te lleve 4000 años atrás, esta daga te protegerá y te guiará"

¿Qué haría ahora? si que había cambiado su vida, un árbol le hablaba, no pudo evitar reír por un segundo... ¿Dónde podrían estar aquellas esferas azules? Andrew tomó la daga de cristal y notó como se giraba sobre su propio eje señalando una dirección, parecía una brújula, él siguió el camino que le señalaba, volando sobre aquellas esferas de este extraño mundo y luego por los cielos sobre las estrellas, esta vez no envejecía mientras avanzaba, la esfera azul le daba ese poder, al igual que a Superman.

Este lugar era muy parecido al planeta rosa, las mismas esferas los mismos extraños colores, las 4 dimensiones, solo que todo era más... joven ¿? Andrew no se explicaba cómo había vuelto al mismo sitio

domingo, 23 de marzo de 2008

DESDE EL INTERIOR

EL SUICIDIO DE PAPÁ:

Prepotente y osado es lograr concebir separar el personaje de la persona, los sentimientos de la razón, la locura de la cordura y el ego de la compasión.

Miedo en un principio, miedo de encontrar rechazo de aquel símbolo de refugio, seguridad y sabiduría, doloroso esperar lo peor de mi modelo de entrega, de humildad, de sacrificio sincero y absoluto, de amor puro hacia la humanidad. Cómo separar el ego en busca de aprobación de los verdaderos deseos de regalar una ilusión, una esperanza, una razón a quienes la vida se las ha arrebatado.

Perdí a papá, doy gracias a Dios por prestármelo por algunos años y maldigo en vano a la vida por alejarlo de mi lado, perdí la idea de un amor incondicional, descubrí el amor condicionado por los actos, las actitudes, por las ideas. Lo grita mi corazón a punto de estallar al sentir que acaba de perder a papá.

El murió, el ya no existe, su cuerpo ahora guarda un alma que parece condenada a la desdicha, ¿Cuántas vidas salvaste papá? ¿Cuántos corazones consolaste? ¿Cuántas sonrisas regalaste? ¿Y a ti quien te salvará? Estás en el lugar donde el tiempo corre más lento, donde un minuto puede ser eterno, donde han muerto las ilusiones pero haces un intento desesperado por traerlas de vuelta a la vida. Buscas poesía en lo vulgar, buscas realidad en las fantasías, horas enteras paseando entre nubes, huir de la monotonía y rendirle culto a una religión sin Dios.

¿Cómo reconciliarse con la idea de este fantástico personaje? con la crudeza de quien no tiene escrúpulos, de quien no tiene nada que perder porque en su mente existió un sublime y descarnado suicidio, renunciar a todas las cadenas que te hacen pensar antes de dejarte llevar por ese animal.

Solo puedo ver belleza en esos ojos desorbitados, solo puedo ver bondad en cada uno de esos derroches de impulsos, solo puede parecerme valiente e imprudente al abrir tantas heridas, al descubrir el infierno detrás del lugar donde el tiempo parece detenerse por momentos, al bajar el telón y ver lo que hay detrás del perfecto traje y los zapatos lustrados de tantos monstruos que roban la inocencia, escriben la primera página de la tragedia de tantas pequeñas o roban las ilusiones a todo un pueblo.

Te prestaría mi cristal para que conocieras el arco iris, las sonrisas sinceras, la luna en las mañanas, la realidad que supera el más extraordinario sueño, el amor, un camino hacia la felicidad (aunque tal vez erróneo), la fe de que ese es el camino.

Hoy solo puedo sentir el gozo de las gotas de lluvia entonando melodías que me arrullan y me susurran cada palabra, hoy siento como mi corazón no deja de contarme lo feliz que es, hoy quisiera regalarle a tus ojos un poco de brillo, a tu mirada un poco de calidez y a tus manos un poco de amor.

Felicidad y éxito no es el único estado y no es el que estás buscando, pero no puedo evitar desearle a tu corazón tanta alegría como quepa, y a tu vida, tantas metas cumplidas que solo quede espacio para hacer el mundo un poco mejor.

Empecé hablando de muerte y termino hablando de amor... Aún después de que no eres más que un recuerdo, vives en mí, en mi coraje, en mis actos, en mis sueños y en mi locura. Es imposible no querer y añorar ese recuerdo, es imposible no ser como alguna vez fuiste tú, es imposible no sentirse aporriado sin tener heridas solo al ver realidades que desgarran y arrancan la vida, soy cobarde, el contacto con el sufrimiento me es ajeno y me atemoriza...


Mi alma pide un respiro, no soporta ver el dolor, es débil, nunca ha experimentado por si misma ese sentimiento, en este instante solo dice "noo" al dolor, solo está sedienta de fantasía, de rosas, de castillos, de colores, del idilio al que la tengo acostumbrada, hoy solo necesita amor, hoy necesita beber de los manantiales de felicidad, en este momento no entiendo porqué no decido que sea feliz, porqué le arranco ese derecho, porqué ultrajo sus sueños, porqué no le permito simplemente sonreir.

Una telaraña hecha con fantasías, un laberinto donde hay un camino largo y claro lleno de rosas, con árboles grandes para descansar. Mi alma no entiende porqué creo aquel laberinto que no existe, porqué le quito el derecho a ver la vida con la sencillez de una niña pequeña, porqué de repente esa niña pequeña no juega como antes, no vive de sus fantasías como antes, mi alma no entiende porqué de repente tiene tanto miedo.

viernes, 21 de marzo de 2008

AGATA EN ROSA

Hace muchos años, antes de que existiera la humanidad, en un planeta Rosa existió vida a través de los sueños de Dios, una vida que dependía de la mente del creador.

Dios soñaba con criaturas como él, sin límites, capaz de burlar las reglas de la naturaleza pero con un espíritu que no les permitiese alterar el cause natural. Dios también se siente solo y la eternidad era su única compañía.


Dios sabía que si soñaba con tanta frecuencia, poco a poco tomarían vida sus fantasías, esto le parecía tan fascinante que cada vez soñaba más con pequeños dioses, con sus mismas cualidades, con su mismo potencial. Un día tuvo miedo de dejar de ser el único todo poderoso, inmutable y eterno e inventó el tiempo, soñó con vidas mortales, con instantes, y llamó humanas a estas criaturas hermosas. Solo él conocía la llave de la inmortalidad, estaba en su corazón, en sus fantasías, en sus sueños, solo que decidió soñar con criaturas distintas cada noche para evitar la monotonía de la eternidad, una de las primeras criaturas creadas le pidió inmortalidad y Dios se la concedió, le pidió belleza y Dios también se la concedió, le pidió poder y Dios se lo concedió, pero esta criatura tenía celos de los sueños de Dios y se introdujo en ellos tratando de matarlos, su alma se fue degradando hasta tomar la forma más oscura y aterradora, se convirtió en la Gran Bestia Negra...

Un día cualquiera Dios se permitió descansar y soñó con el planeta Rosa, en el centro del planeta estaba la llave para todos los sufrimientos que la Bestia Negra creara, se trataba del gran árbol, poseía una puerta pequeña que llevaba hacia sus entrañas y desde allí él Dios respondería cualquier pregunta y los guiaría hacia su destino.
Dios se sumió en el más profundo sueño y decidió olvidar lo que soñaba cada noche (una vida mortal) acerca de este planeta. Algunas criaturas aparecían todas las noches en sus sueños, infringían reglas y se colaban también en la mente de los otros sueños ( los humanos), haciéndose pasar por fantasías, Ágata es una de ellas, junto con todas las hadas, los dragones, los elfos, los duendes, los castillos, las princesas, los unicornios, las quimeras....




Posada sobre una gran roca negra, justo en la orilla del océano en una misteriosa pero extrañamente hermosa noche gris. La luz de las tinieblas apenas ilumina las olas del mar que se hondean suavemente al compás del viento como si su alma emergiera de entre las tinieblas, en la distancia se oye el eco del dolor, las aves nocturnas no logran robar protagonismo a la terrible soledad que acompaña las montañas de rocas que albergan grandes cavernas en su interior.

Sus manos están terriblemente lastimadas por las cadenas que pesan más a medida que avanza, una de sus alas no para de sangrar y deja rastros a medida que trata de caminar por entre las rocas, el frío da a su piel un aspecto fúnebre a pesar de su inconfundible belleza, parece una rosa que se niega a marchitarse aún en medio del infierno.



La niebla brota por sobre las rocas, es lo único que se puede ver, la playa parece ajena a este paisaje, la angustia se apodera poco a poco de Ágata, la llave debe estar escondida bajo las rocas, pero parece una búsqueda inútil, los ojos se le llenan de lágrimas y un gemido de dolor se escapa de su garganta.




De pronto una ráfaga de viento parece venir hacia ella, es una de aquellas aves negras con el vuelo más veloz que jamás había visto, Ágata por un momento siente que la va a atacar y trata de correr pero tan pocas son sus fuerzas que cae desmayada en medio de las rocas.


Ágata permanece desmayada hasta que las piedras que caen justo a su lado y la tierra estremeciéndose la despiertan de aquel corto sueño, el sonido de los truenos es menos insoportable que el dolor de sentir su piel desgarrada y la sangre saliendo por su espalda, sus manos casi están desangradas y su pequeña ala derecha se había desprendido, este era el primer paso, moriría si no lograba quitar aquellas cadenas, si no lograba encontrar la llave, el hechizo en las hadas era claro, un hada encadenada se convertía en humana con el próximo rayo de sol.

El ave negra seguía deambulando por este lugar, pero no le había hecho daño, parecía más bien como custodiando, daba vueltas por el cielo y se quedaba posada sobre las rocas, poseía unos ojos rojos brillantes que se obserbaba aún en la distancia, las lágrimas no cesaban de correr por las mejillas de la pequeña, sentía que nunca lo harían, lloró tanto que creó un pequeño charco donde se reflejaba su pálido rostro, Ágata tuvo la vista en aquella imagen, era ella misma, aún no era humana, era un hada todavía, una de sus alas blancas sobresalía sobre su hombro izquierdo, su piel parecía de porcelana. El ébano del más oscuro cielo parecía hablarle, por momentos en aquella pintura de sus ojos aparecían nubes grises, y grandes luces como juegos pirotécnicos de una noches fúnebre que intentaba asustarla. De pronto, las nubes formaron una figura que se hizo clara poco a poco como los conejitos que dibujaba de niña pero ahora más y más grande, solo se escuchó un grito que espantó todas las aves nocturnas, que pareció despertar el espíritu del océano y se sintió una gran ráfaga de viento. Un segundo después Ágata se encontraba posada en el lecho de una criatura gigante volando a una velocidad que nunca había experimentado y viendo como salían del planeta Rosa.



El dragón que la llevaba en su lecho era blanco, la criatura más hermosa y extraña que había visto, Ágata le preguntó a donde la llevaba y él le respondió que se dirigían a una tierra en donde estaría a salvo por toda una vida, ella no entendía, ¿acaso no regresaría nunca al Planeta Rosa? Ágata preguntó y el dragón respondió con una sonrisa dulce. Estaban volando por entre las estrellas y el paisaje era el más hermoso que Ágata pudo haber soñado ver, unos cuantos minutos y ya poco recordaba el terrible dolor que sentía, poco a poco se desvanecía y era reemplazado con un brillo en los ojos de una niña sorprendida.

El dragón se presentó mientras se acercaban a un planeta de colores: "Me llamo Draco, vamos a ver el centro del universo, se supone que partas hoy mismo a la tierra", "¿Como así, no hemos llegado?" preguntó Ágata, "no, este es solo el comienzo de tu viaje", dijo el dragón.

Llegaron a aquel hermoso lugar, estaban en una pradera con palmeras, en una hermosa playa, con este viaje tan repentino Ágata había olvidado su pequeña ala herida y las cadenas que llevaba en su muñeca hace un momento, ahora se encontraba como si esas cadenas nunca hubieran sido puestas y sus alitas funcionaban a la perfección.

Al fondo había lo que parecía ser un gran arco iris que envolvía un hermoso planeta, Draco le explicó que estaban en una luna del centro del universo, "el planeta de los anillos".

Luego de tomar agua de uno de los manantiales, alzaron vuelo y unos minutos después estaban en el centro del universo. Todo a su alrededor era blanco, parecía como si no existiera nada a su alrededor, poco a poco se iba creando un camino en medio de la nada a cada paso que daban, caminaron de esta forma por un tiempo que a Ágata le pareció una eternidad, hasta que de repente se chocaron con lo que parecía ser una puerta flotando en la superficie. Al abrir aquella misteriosa puerta se encontraban de repente sobre una nube que parecía llevarlos hacia un sitio especial. Momentos después encontraron frente a sus ojos el paraíso, el lugar más sublime y hermoso, más sagrado, puro y tranquilo del universo; la morada de Dios.

Una barrera de intensa energía los separaba de un extraño lugar. Su asombro fue tal que no podía creer ni por un momento lo que veían sus ojos, se trataba de un universo en miniatura, planetas del tamaño de una lágrima, algunos del tamaño de un grano de arena, eran reales, estaban vivos, flotando en el espacio como si estuvieran a millones de años luz pero en realidad eran así de pequeños.

Era imposible tocar aquel cristal, era la puerta hacia otro universo, el cristal parecía extenderse indefinidamente. El hada preguntó al dragón Cómo era posible entrar allí y el dragón solo atinó a decir: Cuando encontremos una pequeña grieta.

Volaron y volaron alrededor de aquel lugar perfectamente aislado, parecía imposible pasar al otro lado esa intensa fuente de energía. De repente encontraron lo que parecía ser un leve rasguño en aquel muro, se impulsaron como si fueran a romperlo y cayeron en un estado total de inconciencia.

Emma desea encontrar algún tipo de sentido, hoy solo piensa una y otra vez ¿Cuál?, ¿Qué hace en este mundo? ¿Cuál es su misión? ¿Realmente tiene una misión o simplemente está en el mundo como una hormiga en un hormiguero? ¿Hará la diferencia en algún momento de su vida? ¿Da lo mismo estar en este planeta o no? Emma está confundida en su pequeño mundo, siente que su mundo es así, pequeño, en las mañanas se despierta siempre esperando algo de cada día, siempre buscando algo a cada minuto, una nueva emoción, sensación o sentimiento, un nuevo amigo, un nuevo amor, Emma se niega a seguir estudiando, abandona la universidad y recae en un estado de depresión esporádica, cada que no logra saciar su sed de aventuras, de extremos, de grandes y distintas emociones, Emma se siente sola, sus amigos ya no son más que desconocidos, es una intrusa en lugares que antes le pertenecían, sus antiguos hábitos ahora le parecen imposibles de retomar, parece como si la vida no se lo permitiera, su vida la siente cada día más monótona, inerte, en ocasiones vacía, nada parece llenar ese hueco que dejó ese lugar.

Emma se traslada a vivir a Bogotá, abandonó su natal Medellín para ir a la gran ciudad a buscar una oportunidad como escritora, sacrificó todo por ser escritora pero ahora extraña como nunca su cuidad, es como si su espíritu estuviera herido y necesitara cierta dosis de Medellín para sanarlo, Su apariencia es todavía radiante, es una niña con facciones delicadas y cabello largo, sin embargo es como si nadie lograra siquiera imaginar lo que pasaba detrás de ese cuerpo. Su cabeza está llena de sueños, fantasías, ilusiones, Emma escribe obras de teatro infantiles y las obsequia a academias de arte y drama para niños, empieza a tener gran éxito, cada que una de sus obras es puesta en escena supera las expectativas en cuanto a asistencia y los espectadores quedan fascinados. Sus obras tienen algo especial, algunas son realmente sencillas y otras aunque con largos diálogos, no pierden una frescura característica, cierta energía única que impregnan cada escrito que sale de sus manos.
Pero Emma no se siente como los personajes de sus obras, a veces los envidia y solo quisiera ser uno de ellos, ese deseo se ha transformado en obsesión, ella solo puede desear ser un hada, se siente sola por más que hayan muchos a su alrededor, ninguna de esas personas entiende y comparte ese sentimiento, algunos dicen en broma que está "medio loca"

Emma sufre porque siente que el mundo está lleno de sufrimiento, "no todos tienen la oportunidad de crear su vida y ponerle colores, todos tienen retos a diferentes niveles, cada uno tiene un umbral del dolor, de luchas, de retos, de necesidades, de sueños, no todo el mundo tiene un alma adaptada para soñar, no todos tienen un corazón adoptado para amar, en mis cuentos si, quisiera ser simplemente un personaje de un cuento y no conocer otro mundo", Emma solo alivia ese dolor en sus libros, lee y escribe día y noche, pasa días y noches enteras sin comer y sin dormir, y por momentos aparecen hadas y dragones, han pasado varias semanas en las que los ve todo el tiempo, por momentos ella no sabe con certeza si son producto de su imaginación o si son reales.

Se mira en el espejo una y otra vez, observa su reflejo como buscando algo, aunque no sabe muy bien qué, sale en las noches y camina sin rumbo fijo, buscando algo, asiste sola al cine y al teatro, buscando algo, visita los museos, buscando algo, visita la iglesia, buscando algo, pasea en los buses sin rumbo fijo, buscando algo, madruga sin razón y se despierta a mirar el cielo, buscando algo, visita el campo y camina entre el bosque, buscando algo, trota bajo la lluvia y baila todos los ritmos, buscando algo, lee todos los libros de autoayuda, de filosofía, buscando algo, escucha las historias de aquellos a quienes la vida insiste en lastimar y torturar, buscando algo, observa historias de éxito y felicidad, buscando algo, duerme en las noches, buscando algo, observa los rostros de las personas en la calle, buscando algo, observa los pájaros, las nubes, la lluvia, el mar, la luna, las montañas, las mariposas, los grandes edificios, las amplias avenidas, los lujosos carros, las grandes mansiones, los tugurios, los estadios, los salones de belleza, buscando algo. Emma se pregunta si pasara toda su vida “buscando algo”, hay algo que no está bien, hay algo que falta.

La noche es helada y oscura, el viento golpea los ventanales de la habitación de la joven mujer, la lluvia es realmente agresiva, posee una furia y una fuerza imparable, de repente empieza a nevar, todo parece indicar la llegada del invierno, para Emma es inevitable pararse de su cama y observar como cae la nieve; de repente observa que el espejo rosa está emitiendo una luz, es más que un reflejo, es una luz brillante que encandila sus ojos, Emma se acerca poco a poco pero cuando alcanza el espejo, aquel resplandor se ha ido. Emma no presta mucha atención, al fin y al cabo estaba medio dormida “debe ser una de mis fantasías, ya hasta estoy alucinando” piensa para sus adentros. Después de un momento, no puede evitar que el sueño se apodere de ella, está muy cansada y sus ojos se cierran solos.


Ágata y Draco se encuentran de repente en un lugar inmenso, al parecer están sobre una estrella, un gran mago blanco aparece en aquel sitio y se dirige hacia ellos “¿Qué hacen aquí?” preguntó “Buscamos llegar a la tierra” respondió del dragón, “¿Al planeta tierra?” preguntó el mago esta vez con un toque de sorpresa en su voz “¿Qué pretenden hacer en ese lugar”? “necesito mis alas” “alguien me las está arrancando” respondió Ágata. ¿Sabes que el planeta tierra está encantado? Al llegar a ese lugar te convertirás en mortal y olvidarás todo, tu nombre, tu origen, tu planeta durante los años que estés allí; es probable que te pierdas y cuando sea hora de regresar, ya no seas un sueño, es decir, ya no seas un hada, aunque tengas alas, serás los rezagos de una vida mortal, es decir el alma de un humano, todo habrá terminado para Ágata. “¿No hay forma de romper el hechizo?” preguntó el hada. “No” respondió el mago, a no ser que entres por una puerta secreta y te conviertas en una rosa, porque las rosas de tu planeta sobreviven en todas las dimensiones y en todos los lugares, son mágicas en todas partes del universo, pero eso no tiene sentido, porque no podrías recuperar tus alas, ¿Por qué? preguntó Ágata. Porque en la tierra las rosas no se mueven, ni hablan, ni cantan, tampoco mueven sus hojas, el viento las mueve a veces, pero no ellas por si solas, es muy peligroso una rosa que lo haga, la cortarán y sería el fin.

“Pero no entiendo, ¿Qué planeta es ese?, cortan las rosas y no hay rosas que canten”. “Es un planeta azul” ¿Entonces el azul tiene poderes mágicos? El azul debe ser la clave, ¿El azul hace magia en aquel lugar? Pregunta el hada. “No, en este lugar hay muchos destinados a vivir sin magia, porque tienen el corazón manchado, y los que hacen magia lo llaman de otra forma, lo llaman sueños, metas alcanzadas y otros nombres” responde el mago, Allí creen que nosotros no existimos, nadie te ayudará a restaurar tus alas. ¿No creen en el otro universo? ¿Y nadie a cruzado la puerta? Pregunta Ágata. Sí, algunos han cruzado la puerta pero no vuelven nunca, al escuchar esto la mirada de Draco, quien estaba atento cambió inmediatamente y un extraño brillo color naranja apareció en sus ojos, aunque intentó ocultarlo el hada lo notó de inmediato. ¿Acaso?... ¿Es lo que me estoy imaginando? Sí, respondió el dragón, fui humano, nací en la tierra, pero me transformé poco a poco en un dragón. ¿Pero cómo? Preguntó ella con un tono inquietante. “Los hombres son imperfectos, esa es su naturaleza, pero solo algunos de ellos eliminan sus falencias, cuando llegan a la perfección, su metamorfosis termina y pasan a ser parte del planeta rosa como dragones, no como almas”. Explicó el mago.

Y cuéntame, ¿Ya decidiste? ¿Quieres ir a la tierra? Sí, tengo que hacerlo, tengo que recuperar mis alas y volver al planeta rosa, si no lo hago tendré que regresar a las cavernas y ya no hay oportunidad de encontrar la llave allí, todo está destruido.


Emma despierta temblando y sudando, esta vez está segura que no son alucinaciones, los ha visto, de repente mira en su espejo rosa y no ve su reflejo sino el de un hada pequeña pero con una sola ala blanca, ¿Quién eres? pregunta Emma, soy Ágata y necesito tu ayuda, necesito encontrar a la causante de que mis alas estén desapareciendo, déjame explicarte, vivo en el planeta rosa, y si mis alas no sanan no podré volver nunca allí porque me enviarán directo a las cavernas a buscar la llave del árbol encantado mientras mis alas se caen, si encuentro la llave, me convierto en humana y si no la encuentro, moriré. "Por favor, eres la única que puede ayudarme". Emma se siente extrañada pero un poco emocionada y le dice que la ayudará, ¿pero cómo vamos a encontrar esa mujer? ambas se preguntan. Esa mujer me está soñando y sus sueños son los que me están lastimando, está moldeando mi historia, ella piensa que yo no existo.


Al día siguiente, Emma tuvo una idea, irían juntas a buscar aquella mujer, salieron en la madrugada, Ágata estaba dentro del espejo que Emma cargaba en su bolso, era grande y lo mantenía abierto,










Ágata despertó de repente luego de lo que pensó había sido un largo viaje

UN GRITO DESDE LO MÁS PROFUNDO

Solo viviré hasta que se me permita un último aliento, toda piel poco a poco se marchita, el brillo de los ojos se esfuma con la alegría arrebatada en algunos por el sufrimiento y la injusticia, en muchos otros por la rutina y la falta de sentido.

Le tengo miedo a la soledad, la tristeza y el dolor, pero más que todo al tiempo, hoy recuerdo los días en que no sentía miedo, Agata nunca sintió miedo. Las finas y delicadas facciones se endurecen con el tiempo, las piernas empiezan a temblar y el cuerpo a envejecer, el alma se corrompe con la belleza que alguna vez tuvo el cuerpo o con el talento que se pierde con los años, los sentidos se van acabando como si cada uno tuviera un reloj de arena, tengo 21 años y no recuerdo la vida cuando no estaba mi mente sumergida en un mar de preocupaciones, lo extraño.


AGATA: Pero hoy existe algo diferente, este momento es eterno, este momento es superior a cualquier preocupación, a cualquier duda, este momento simplemente es, porque hoy es mi último día de vida, porque derrocharé toda la energía que me queda, porque esprimiré el alma hasta que me pida un respiro, porque nunca ha habido aventura más grande que la que hoy viviré, porque hoy sencillamente existo y mientras te acompañe es posible que el tiempo corra al revés o que el lugar donde todo se detiene desaparezca para siempre o se sumerja en el olvido.

Sé que incluso una lágrima seca y una sonrisa se transforma, el tiempo ¿amigo o enemigo?, nos regala el sentido y la riqueza de cada momento pero marchita cada rosa a su paso.

Solo hay algo que no se pierde en el tiempo, que no se esfuma con las cenizas de una pasión alguna vez existente, solo hay algo capaz de ser inmutable, de burlar los golpes del tiempo, de pasar la prueba de la pureza por más corrupto que sea el mundo.

Pero esta vez ni siquiera una obra de arte logró permanecer alivianando las cargas de los días más pesados, aliviando las heridas de las grietas que poco a poco se van formando en el corazón que alguna vez solo albergó pureza.

Esta vez ni la más dulce y sublime de las creaciones sobrevivió a este mundo cruel, porque simplemente fue olvidada y lanzada por el agujero de lo trivial.

AGATA, cuanto te extraño, mi vida nunca será igual sin tu magia y aunque quiera, ya no puedo devolverte la vida. Cuanto quisiera creer en la reencarnación, pero Brian Wise no fue muy convincente..., Cuanto te extraño...

Agata!!!! soy yo, tu alma ¿Realmente sientes que te abandoné? Déjame hablarte, escúchame, no trates de hablar por mi, porque aquí estoy, reviviendo la eternidad de tus palabras, dibujando girasoles y atardeceres, esperando que visites la ciudad de los sueños, yo no he muerto, estaba agonizando en el olvido, no podía respirar y cada lágrima me estaba ahogando lentamente pero hoy he revivido, gracias por salvarme la vida, yo cuidaré de ti, mi amor es incondicional, yo hablaré con dios y te susurraré lindas palabras al oído cuando te sientas triste, te cobijaré cuando tengas frío y te regalaré los más maravillosos relatos.

Contigo se fue un pedazo de mi, porque en ti puse todo mi corazón de niña. Los recuerdos que serían inmortales a tu lado, ahora serán cada vez más borrosos y lejanos. Hay paisajes que incitaban a pasear por las memorias de una noche mágica que con los años solo será una leve sombra. Hay palabras que portaban la inocencia del alma de una niña que sería recordada por el resto de una vida inmortal, que volvería a vivir solo con cada letra, cada palabra, cada frase, cada imagen de hadas, dragones, caminos, castillos, montañas, unicornios, quimeras, estrellas y mariposas... Pero ahora, no hay un escudo que detenga los ataques del tiempo.



¿Acaso no escuchas mi voz?, estoy acá tratando de hablarte, no me he ido a ningún otro lugar, todavía está abierto el atajo que utilizabas cuando niña para escaparte del colegio, úsalo cuando quieras, aquí las cosas no han cambiado mucho, no tendrás problemas que perturben tu sueño, no hay monstruos que te ataquen, estoy siempre esperándote.


AGATA, cuanto te extraño...

No sé si estaré condenada el resto de mi vida a extrañarte, pero hoy que siento que te perdí es como si reaccionara y apenas pudiera darme cuenta que en ti puse la llave segura contra la corrupción y la maldad.

¿Cómo puede un cuento permanecer en este limbo absoluto? porqué no logro volver al planeta rosa, ni a la ciudad de los sueños, porqué Orianna no me escucha como antes, probablemente la maldición es cierta, cuando se pierde el papel, se pierde el puente hacia el cuento y aunque se recuerde la historia, los personajes permanecen escondidos.. Pero yo estoy aquí y seguiré susurrando a su oído hasta que ella decida usar su alma de pluma y revivirme con cada palabra.


Eres arte en su sentido más puro, eres la inocencia de la bondad que triunfa por encima de la ambición, eres la luz más brillante que mi corazón ha llegado a poseer,

AGATA, cuanto te extraño.